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Desodorante Soapwalla

Hay que ver lo que me pierde un mejunje. Sobre todo si tiene pinta de algo que usarían estas muchachas que por su feed de Instagram parece que están siempre perdidas en la jungla, con la de bichos que hay ahí (otra forma de decir “a mí ahí ni muerta me pillan”, como diría mi madre de las clases de mindfulness).

Llevo mucho tiempo usando los desodorantes de Yves Rocher (parece un non sequitur, pero aguantadme un momento, que llegaré) y la verdad es que siempre me han funcionado de maravilla en todos los aspectos en los que un desodorante puede funcionar de maravilla: son roll-on (los de spray… girl no), baratos, huelen bien (mi favorito es el de flor de algodón) y mis axilas los toleran. Pero hace tiempo oí hablar muy bien del desodorante en crema Soapwalla, una alternativa totalmente natural a los desodorantes convencionales.

Cue el desodorante de chica de minibikinis 24/7

Dejadme decir así de entrada, que no creo que lo natural sea mejor que lo hecho por el hombre por el hecho de llevar en la etiqueta la palabra natural. En muchas ocasiones yo prefiero lo natural, pero no por el hecho de que piense que es mejor que su alternativa únicamente porque lo etiqueten como ‘natural’ (sea lo que sea lo que eso signifique, que tampoco tiene una definición clara en el mundo de la belleza… ¿sin manipular? ¿que sea todo vegetal? ¿que contenga cierto porcentaje de extractos de plantas?). Lo prefiero porque para mis circunstancias es mejor, o más versátil, o compruebo que funciona mejor. Es como elegir entre usar manteca de karité y aceite mineral… por ejemplo, yo tengo la piel del cuerpo seca, ¿por qué voy a renunciar a uno de los dos ingredientes cuando me funcionan los dos? Mejor una crema con los dos, digo yo. Pero bueno, que me desperdigo.

La cosa es que este desodorante no me ha parecido nada del otro jueves. En cuanto a presentación, textura y aplicación no tengo ninguna queja, pero en cuanto a performance a mí no me performa. Personalmente nunca he sudado mucho, así que mis preocupaciones se centran en no dejar KO a alguien cuando me agarro a la barra del autobús. Y no me funciona todo lo bien que debería. Menos mal que lo he probado en un momento de mi vida en el que no tengo que estar mucho tiempo fuera de casa. No digo más.

El modo de aplicación es un poco regulero, porque te lo tienes que dar con los dedos y te pringas, pero bueno, eso para mí no supone un problema enorme tampoco.

Volveré a mis desodorantes de Yves Rocher por el momento, hasta que encuentre una alternativa de este tipo que me funcione. ¡Porque no renuncio! 😉