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Foto Diario: Mi Viaje a Edimburgo

Intentando poner mi culo en funcionamiento para haceros llegar la legión de posts que tengo pendientes, voy a empezar por uno que llevaba queriendo escribir mucho tiempo. En concreto desde que volví de Edimburgo. Y es que en julio decidí irme a visitarla, aprovechando que mi amiga Bea se trasladaba a la ciudad.

Sólo digo que la media de lo que caminamos fue de 15 km POR DÍA. Acabé con el culo en la nuca, el booty in the nuquer. Porque Edimburgo, si algo tiene, es sitios para caminar. De todo tipo. Bien calles “nuevecitas” como George Street, la mítica Victoria Street, los múltiples “steps” repartidos por la ciudad, y cómo no, la subida al Arthur’s Seat.

Edimburgo me gustó, no sé si decir, demasiado. Me dio la sensación de ser una ciudad pequeña en el sentido que podía hacer muchas cosas a pie y con transporte urbano, a pesar de ser la capital de Escocia. Otra característica de “ciudad pequeña” que tiene es lo acogedora que es. No sé si fue mi impresión pero todas las personas con las que nos cruzamos fueron invariablemente educadas y agradables. Aunque eso se cuenta de los escoceses en general.

Para llegar hasta allí ambas volamos con Iberia, Madrid-Edimburgo. Mi parte del viaje empezó antes, porque tuve que ir del pueblo a Salamanca, y de Salamanca a Madrid. Nada que el “tren rápido” y dos hermanas en la capital no puedan solucionar.

Yo decidí alojarme en uno de los varios hostels que tiene la ciudad, Safestay Edinburgh. Mis principales objetivos eran buena localización y un sitio para pasar la noche agradable y limpio, cosa que cumplió. Está en Blackfriars Street, a un paso de Grassmarket y la Royal Mile, que para entendernos es la calle principal de la ciudad y conecta el castillo de Edimburgo con el palacio de Holyrood.

En cuanto a desayunar, comer y cenar, casi todos los días desayunaba en el hostel en el que se alojaba mi amiga Bea, Backpackers; para comer o bien el Graze en Grassmarket o bien el Pret, que es sin duda uno de mis grandes descubrimientos… el carrot cake del Pret solamente lo supera el de Harina en Fuencarral (hasta la fecha). Y para cenar, que yo recuerde otra vez en el hostel, que tenían una carta corta pero accesible. Es decir, mi viaje, culinario lo que se dice culinario, no fue. El último día decidí darme un gustazo y salí en busca de unos scones para desayunar, con tan mala suerte que no les quedaban. Pero bueno, el café estaba buenísimo y el croissant ni os cuento… Wellington Cafe en George St. (que por cierto está cerca del Space NK y debajo de la tienda de Penhaligon’s).

Pasado este pequeño resumen, vayamos al meollo, la enjundia.

Lo primero que me encontré al llegar fue… ¡a JAMMF! Si es que no hay dios, no me lo quito de encima (ojalá IF YOU KNOW WHAT I MEAN).

Él estaba así como muy atrapado en el tiempo a la puerta de una tienda…

Mi primera impresión de la ciudad. Hice la foto desde el Citylink, que es el autobús que te lleva desde el aeropuerto hasta la ciudad, y viceversa. Otra de las cosas que me gustaron de Edimburgo fue que el aeropuerto no estaba nada lejos, como a un cuarto de hora en bus del centro de la ciudad. Score!

*Si vais a pasar unos días, comprad el billete Return, o sea, el idayvuelta patrio.

Es como muy Harry Potter todo, de hecho se escribió aquí.

La famosa Victoria Street vista desde abajo. La famosa Victoria Street, que es EN CUESTA. Como casi todo en esta ciudad.

Freakin’ steps.

La zona de Grassmarket, poniéndose a punto para el Fringe y demás eventos de verano, como la actuación del Royal Tattoo.

Eso que se ve al fondo en un alto es el Edinburgh Castle. LIVING.

El Bank of Scotland, con la saltire ondeando. Y el omnipresente paraguas. Y el conducir por la derecha que nos da conatos de infarto a los que somos DE LA MAYORÍA DE GENTE SANA y conducimos por la izquierda.

El segundo día decidimos coger macuto y visitar Glasgow, que en comparación no me gustó tanto. Eso sí, el parque de Kelvingrove y la Universidad son PRECIOSOS y dignos, once again, de Harry Potter.

Que dice Bea que os diga que estos no son los cardos típicos escoceses. Pero molan también.

Desde el parque de Kelvingrove hay estas vistas de la universidad de Glasgow. Que parece que va uno acercándose a… ¡correcto! HOGWARTS.

Porque no…

… se da…

… ni un aire.

Y por si os da por el elopement

Y el tercer día, nuestra intención era subir al Arthur’s Seat y creo que nos quedamos un poco por el camino. Estábamos en un alto, yo qué sé. Eso sí, con unas vistas espectaculares.

Vistas al Arthur’s Seat desde Richmond Lane.

Dicen que el paisaje del Arthur’s Seat es el típico de las Highlands…

*sing me a sooooong of a lass that is gooooone say could that lass be I?*

Y desde allí se veía, literalmente, TODO Edimburgo. Sobre todo, este sitio que se ve a la derecha, al que llegamos siguiendo el camino que bajaba: el palacio de Holyrood.

Entrada al palacio:

Os he hablado antes de la Royal Mile, que aprovechamos para recorrer ya que estábamos por allí.

Edimburgo tiene mar, por lo que también tiene a estos bichos odiosos que son una de las razones para que me alegre de ser de secano. DE ESO AQUÍ NO HAY.

Vimos St Giles’ Cathedral (sí, en el mismo día pasan las cuatro estaciones).

*pelirrojo y túnica de segunda mano, debes de ser un Weasley*

¿Y a qué dediqué mi último día allí? Como os comenté, me fui en busca de scones, sin suerte (lo dejo para la próxima, Scotland, no me falles).

En principio elegí esta cafetería porque tenía buenas reseñas, pero también porque estaba cerca de…

¡La tienda de Space NK de George Street! Que por cierto estaba en obras cuando fui, aunque la han reabierto hace poco.

Literatura en la estación de Waverley. LITERATURA EVERYWHERE.

Después visitamos el castillo de Edimburgo, pero como yo ya iba cargada con mi maleta, no pudimos entrar.

¿Me estás diciendo que subiste esas escaleras (que no se ven) desde aquí hasta ahí arriba, cargada con la maleta, y no te dejaron entrar? Exactamente. Ahora, mi booty in the nuquer como os había comentado.

No sería Scotland sin pipers en full regalia por la calle.

No recuerdo el día, pero también visitamos el cementerio de Greyfriars, que es donde se inspiró J.K. Rowling para la escena del cementerio en el cuarto libro de Harry Potter.

Me quedó la espinita de ver la exposición de Bonnie Prince Charlie y los jacobitas en el National Museum:

Aparte de las Highlands, claro está, pero lo dejo para un viaje futuro. Para cuatro días, ¡creo que fue intenso!

¿En cuanto al clima, lo más comentado? Ciertamente, hace frío en verano (no se pasa de los 20ºC), pero yo soy de Salamanca, me pareció tiempo otoño-invernal normal. Quizá alguien más del sur o de costa lo note más. Pero no me extraña que a la gente de esos lares les encante España, y aún menos, como comentamos, que las guiris vayan “de corto” chupando frío… es que en su país o lo aguantan o no hay oportunidad de ponerse de corto. Este último fenómeno lo observaréis sobre todo en las zonas de fiesta de Salamanca en los meses de octubre y noviembre… ¡qué valor!.

Sin duda fue un pedazo de viaje. Me encantó la ciudad, hicimos de todo, la recorrimos de punta a punta, y me quedé con ganas de más.